Una de las características más notables del belén napolitano, como hemos visto, es la variedad de pastores y escenarios. Los tipos más comunes pueblan escenas de tradición evangélica, por un lado, y escenas seculares de la vida cotidiana, por otro. Sin embargo, en todos ellos se presta una cuidadosa atención a la fisonomía, tanto en la representación de diferentes grupos étnicos como en la representación de diferentes tipos físicos, con especial atención a aquellos fuertemente caracterizados por sus defectos físicos, como los desdentados, los bociosos y los paralíticos: personajes grotescos en su mezcla de elementos trágicos y cómicos. Los pastores asumen el papel de auténticos "personajes" dramáticos dentro de la vida popular y campesina, reproducidos con meticulosa fisonomía del natural. Estas representaciones, que exploran sinceramente los aspectos más miserables de la sociedad, carecen, sin embargo, de cualquier denuncia social de la condición campesina del pueblo napolitano y parecen reflejar, en cambio, el deseo de evasión y entretenimiento de la aristocracia y la burguesía. Finalmente, cabe destacar la práctica de incluir entre los pastores figuras que se representan a sí mismos y a sus amigos con vestimentas y actitudes inusuales: los elegantes georgianos en la procesión de los orientales, por ejemplo, son en algunos casos verdaderos retratos en miniatura de mujeres nobles napolitanas.